“Hay Papa argentino”, el día que Bergoglio se convirtió en Francisco
Se cumplen ocho años de la histórica elección en el Vaticano como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.
Está por anochecer en Roma. La lluvia amenaza desde las nubes oscuras, y el aire está helado, pero yo no lo siento. Toda mi atención está hipnotizada desde hace horas por la chimenea de bronce de la capilla Sixtina, a la espera de que el humo oscuro se torne en la “fumata blanca” que anuncia la elección consumada del nuevo Papa. En ese momento me colma una sola certeza: que el preferido no será nuestro cardenal Jorge Bergoglio. La nómina de favoritos cotidianamente publicada por los vaticanistas expertos en los diarios italianos se había ido reduciendo día a día. Fueron apareciendo en ella nombres de italianos, brasileños, norteamericanos y hasta africanos, pero nunca figuró el del argentino, que ya había sacado pasaje de regreso a Buenos Aires. La espera se prolonga hasta que a las 19.06 una vibración como una descarga eléctrica nos sacude a las ciento veinte mil personas apiñadas en la plaza de San Pedro, cuando la alba señal por fin aparece.
