A 4 años del crimen de Fernando Báez Sosa

El joven fue asesinado el 18 de enero de 2020 en Villa Gesell por una patota de rugbiers que lo atacó a la salida del boliche LeBrique.

Este jueves se cumplen 4 años del homicidio de Fernando Báez Sosa, el joven que perdió la vida tras ser golpeado por un grupo de rugbiers a la salida de un local bailable en la ciudad balnearia de Villa Gesell, a unos 380 kilómetros de Buenos Aires.

El crimen del joven de 18 años, que conmocionó a la sociedad argentina, ocurrió el 18 de enero de 2020. En más de una oportunidad, se realizaron convocatorias multitudinarias para acompañar a los padres del estudiante de derecho, Graciela Sosa y Silvino Báez, en su pedido de justicia.

La consigna “si no hay perpetua, no hay justicia” se replicó infinidad de veces en carteles, publicaciones y “hashtag” (etiquetas) en redes sociales y se volvió una causa común para muchos.

Un juicio que atravesó a toda la sociedad

Más de tres años después del crimen, el 6 febrero de 2023, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de la ciudad de Dolores dio a conocer su veredicto.

Cinco de los ocho imputados, -Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Enzo Comelli, Matías Benicelli y Luciano Pertossi- fueron condenados a prisión perpetua por el «homicidio doblemente agravado por el concurso premeditado por dos o más personas y por alevosía en concurso ideal de lesiones leves», mientras que los otros tres -Ayrton Viollaz, Blas Cinalli y Lucas Pertossi- acusados como partícipes secundarios, recibieron penas de 15 años de cárcel.

Otros tres rugbiers acusados en una primera instancia fueron sobreseídos del caso.

El juicio duró un mes y cuatro días y fue la primera vez, desde el crimen de Báez Sosa, que se vio a los acusados frente a las cámaras de televisión.

La imagen recorrió los medios de comunicación y se conocieron detalles escabrosos de la golpiza y la autopsia del cuerpo de Báez Sosa, que determinó que su muerte se debió a un “traumatismo de cráneo”.

“Tenía lesiones incompatibles con la vida”, declaró a medios locales el médico Diego Duarte, que participó de la necropsia. “Es muy doloroso ver la sangre de mi hijo por todos lados”, dijo Graciela Sosa, la madre.