La llama del espíritu olímpico empezó a apagarse en Río de Janeiro
En el día previo a la ceremonia de clausura puede percibirse que la fiesta está llegando a su fin. Como es habitual en este tipo de eventos, muchos fanáticos y delegaciones retornaron a sus países luego de sus presentaciones en los primeros Juegos Olímpicos de la historia en Sudamérica.
Si bien restan las definiciones de 17 disciplinas, las calles deRío de Janeiro comenzaron tener su ritmo habitual. El tránsito es más dinámico y los colectivos viajan con un menor caudal de visitantes. El brillo de la antorcha es cada vez más débil.
La Villa Olímpica refleja a la perfección el desenlace que se aproxima, dado que los edificios donde habitan los deportistas tienen cada vez menos color. Las casi 200 banderas que decoraban las instalaciones del predio se redujeron a un escaso grupo de estandartes que se mantienen firmes con las esperanzas de alcanzar las últimas medallas.
Copacabana dejó de ser la Bristol de Brasil. La playa más popular de la ciudad tuvo su momento de auge cuando miles de turistas se amontonaban para disfrutar de sus cálidas y blancas arenas. Al igual que en Ipanema y Barra da Tijuca, los viajeros cuentan con más espacio para gozar de los últimos días del sol olímpico. La disminución de los vendedores ambulantes da cuenta de ello.

En el barrio de Lapa sólo quedan algunos curiosos que se acercan a la tradicional escalera para tomarse una foto o beber alguna de las últimas caipirinhas. En los bares, la diversidad cultural ya no es tan común. El portugués vuelve a ser el idioma preponderante y el murmullo que mezclaba al francés con el chino y al inglés con el castellano (entre tantos otros) se diluye en conversaciones aisladas lejos de la escena principal.
Como diría Joan Manuel Serrat en Fiesta:«Con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal la zorra pobre al portal, la zorra rica al rosal, y el avaro a las divisas».

Los Juegos Olímpicos están en la recta final. Es el match point. El minuto adicional después de los 90, pero todavía hay mucho por jugar. Sólo resta gozar de las pruebas que quedan y esperar con tranquilidad el espectáculo que se brindará en el Maracaná el domingo a las 20. Porque para Tokio 2020faltan cuatro años que parecen una eternidad.
